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Ha pasado
tanto tiempo que parece imposible volver al
ayer, cuando una
familia integrada por los padres Susana y
Eduardo y sus hijos Vicente,
Andrea y Viviana, sacaban como de la galera
de un mago, esta
publicación bautizada "La Gauchita", que
anduvo por los pueblos, por
las provincias, por la patria toda. Luego
viajó a otros países, caminó
los mapas y llegó como una vocera de la
cultura de Salta a todos los
continentes de la tierra.
Desde una humilde familia creció un sueño
que con el correr de los
años se hizo universal. Cada paso está
documentado y crece el asombro
cuando se ven los testimonios de lo actuado.
Pero todo tiempo pasado es pisado por el
olvido, porque la frágil
memoria humana pierde señales en el camino.
Hasta que aparecieron los
días, en que un Luis del pueblo, armó el
pesebre de los recuerdos,
buscando a ciegas por las estanterías del
tiempo, para ir produciendo
una vidriera que honre el trabajo de tanta
gente talentosa.
El milagro se produjo, ya están de nuevo
casi todas las tapas y
estarán todas sus páginas, de este medio
modesto que marcó presencia.
Si Ud. amigo lector, apareció alguna vez en
La Gauchita, está allí,
con su nombre amplificado en el tiempo. La
magia se dió: el ayer es
hoy y el hoy será mañana. Por mucho tiempo,
La Gauchita seguirá
aportando y abriendo el corazón a todos los
amigos que se acerquen.
Queremos que nos acompañen, que nos
estimulen a crecer, a sobrevivir
en un mundo complicado. Le pondremos fuerza,
amor, entusiasmo.
La Gauchita es nuestra, es de Salta y hace
falta.
Eduardo
Ceballos
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